
El neerlandés, siempre frontal, ya había dejado en claro su postura sobre los autos del futuro: demasiada dependencia de la energía eléctrica, mucho lift and coast y sensaciones que —según él— se alejan de lo que debería ser un Fórmula 1. Incluso llegó a compararlos con una “Fórmula E con esteroides”.
Lejos de escalar el conflicto, Domenicali aseguró que mantuvo conversaciones “constructivas” con el tetracampeón y dejó un mensaje que apunta a bajar un cambio: el debate es válido, pero el camino no es la confrontación.
“Es bueno que los pilotos opinen, pero hay que hacerlo en el lugar correcto”, deslizó el italiano, marcando que este tipo de discusiones deben darse puertas adentro.
El punto clave: entender de dónde viene el reglamento
Desde la cúpula de la F1 remarcan algo importante: el reglamento actual no nació de la nada. Fue una respuesta directa al contexto de la industria automotriz, que empujaba fuerte hacia la electrificación.
Ese “punto de partida”, como lo definió Domenicali, es clave para entender por qué hoy los autos tienen ese enfoque técnico.
Sin embargo, el propio CEO dejó entrever que el futuro podría ir por otro lado: más protagonismo de combustibles sostenibles y un regreso más fuerte del motor de combustión. Un guiño a los puristas.
“La F1 es más grande que todos”
Uno de los conceptos más fuertes que dejó Domenicali fue claro y directo:
la Fórmula 1 está por encima de cualquier nombre propio.
“Este deporte tiene décadas de historia. Pasaron campeones, ingenieros y figuras enormes… y la F1 sigue adelante”, remarcó.
Un mensaje que no fue solo para Verstappen, sino para todo el paddock.
Lo que viene: ajustes y debate abierto
La historia está lejos de cerrarse. Ya hay reuniones programadas entre equipos para analizar posibles cambios, incluso a corto plazo, pensando en mejorar el espectáculo.
Y mientras tanto, la categoría busca equilibrio: mantener el crecimiento global —con más de 800 millones de fanáticos— sin perder la esencia que reclaman los más fierreros.





