Cuando “Lole” conquistó las calles de Mónaco

Un 18 de mayo de 1980, Carlos Reutemann escribió una de las páginas más importantes del automovilismo argentino al quedarse con la victoria en el mítico Gran Premio de Mónaco, manejando el poderoso Williams FW07B.
En un circuito donde no hay margen para errores, donde las paredes parecen estar siempre demasiado cerca y donde la lluvia suele cambiarlo todo, “Lole” construyó una victoria inolvidable a base de inteligencia, ritmo y temple.
FORMULA 118 de mayo de 2026GPGP

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La actividad arrancó con lluvia durante los entrenamientos y eso ya anticipaba un Gran Premio difícil. El francés Didier Pironi llegaba encendido tras ganar en Bélgica y se quedó con la pole position para Ligier, mientras que Reutemann completó la primera fila con el Williams.

El domingo amaneció nublado y la largada mostró a Pironi defendiendo la punta, seguido inicialmente por Reutemann. Sin embargo, rápidamente Alan Jones, compañero del argentino en Williams, logró superarlo y comenzó a presionar al líder.

Detrás, las calles del principado ya empezaban a mostrar el caos habitual de Mónaco: toques, despistes y accidentes marcaron las primeras vueltas de una carrera muy exigente.

Mientras Pironi lideraba y Jones intentaba seguirle el ritmo, Reutemann se mantuvo firme, sin cometer errores y cuidando el auto en una carrera extremadamente larga para las condiciones de pista.

El primer gran golpe de escena llegó cuando Jones debió abandonar por problemas mecánicos. Ahí, “Lole” quedó como principal perseguidor del francés y empezó a descontarle terreno vuelta tras vuelta.

Pero cuando parecía que Pironi tenía todo controlado, comenzaron los inconvenientes en la caja de cambios de su Ligier. Y encima apareció la lluvia.

Las gotas primero llegaron en la zona del Casino y después se extendieron por gran parte del trazado. Nadie quiso entrar a cambiar neumáticos y el circuito se volvió una verdadera trampa.

A falta de poco más de 20 vueltas, Pironi perdió el control de su auto en la zona del Casino mientras luchaba con la caja de cambios y el piso mojado. Golpeó contra el muro y ahí se terminó su carrera.

Reutemann heredó la punta y comenzó otro desafío: sobrevivir.

Porque la lluvia seguía aumentando y el Williams también empezaba a mostrar señales de desgaste mecánico. El propio “Lole” reconoció después de la carrera que tenía problemas con algunas marchas y que prácticamente manejó las últimas vueltas “apretando los dientes”.

A eso se sumaba el aceite en el visor y la tensión de saber que cualquier error en Mónaco podía costar todo.

Finalmente, tras 76 vueltas de extrema tensión, Reutemann cruzó la bandera a cuadros y se quedó con una de las victorias más recordadas de su trayectoria en la Formula One.

El triunfo significó además el regreso a la victoria para el argentino luego de una temporada complicada en Lotus y un inicio irregular junto a Williams.

Aquella tarde de 1980 quedó grabada para siempre en la memoria del automovilismo nacional. Porque ganar en Mónaco no es para cualquiera. Y porque “Lole”, bajo la lluvia y contra todos los obstáculos, logró conquistar uno de los escenarios más difíciles y prestigiosos del mundo motor.

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